domingo, 28 de abril de 2013

LA HISTORIA DE UN ÁNGEL CAIDO

EL ENCUENTRO

En el bar con los amigos normalmente se pierde la noción del tiempo. Me llamo Layla y acabo de salir del bar porque creo que me he pasado un poco con el alcohol. Tengo la vista borrosa y no se bien bien donde estoy.
Tengo que estar muy borracha porque empiezo a ver una silueta mas o menos visible, tiene aspecto de un chaval de no mas de 17 años, pero tiene algo que hace que no pueda apartar los ojos y echar a correr, con una ráfaga de aire me viene el olor a humo, quemado y.... a algodón de azúcar? Sí, como los que hacen en las ferias, pero quemado, no es un olor que anime a quedarte. El chico cada vez se acercaba mas a mi, tenia un aire tranquilo, despreocupado. Cuanto mas cerca estaba y la vista se me iba aclarando podía ver rasgos mas pequeños, tenia el cuerpo lleno de cicatrices, era muy joven, pero parecía que llevara años vivo, el cielo estaba gris, como si estuviera a punto de llover, mi abuela me decía que cada vez que llovía era porque el cielo lloraba la perdida de un ángel...un ángel caído. Yo nunca me había creído eso, pero cuando mi abuela murió cada vez que llovía marcaba en una casilla cuantos ángeles habían caído ese año, era entretenido y hacia durar el recuerdo de mu abuela.
El chico cada vez estaba mas cerca, podía ver que tenia los ojos azules, muy azules, de una azul muy brillante. Él brillaba con luz propia, iba sin camiseta y los pantalones hechos jirones, iba descalzo y le sangraban los pies, tenia la cara manchada de sangre y hollín, se le marcaban los músculos de los brazos cada vez que andaba,me pareció ver que detrás de el colgaban unas alas, no como las de los ángeles que se pintan en los cuadros, sino caídas, sin vida, como si le pesara llevarlas poco a poco se iban convirtiendo en polvo, un polvo dorado y negro. Era bello, de un bello sobrenatural, su andar, su movimiento, todo. Cada vez estaba mas cerca, podía ver un tatuaje que le cruzaba desde la cadera hasta el cuello, era una especie de frase en latín, de repente se me cruzó una frase que me dijo mi abuela que se había quedado sepultada bajo capas y capas de recuerdos y sentimientos ocultos:
Hija, no te fíes de nadie, ni de tu familia, ni de tus amigos, ni siquiera de mi, pero eso no es lo que te iba a decir, ven hija miá, siéntate a mi lado.
Hubo una época donde ángeles y demonios eran una sola cosa, donde los ángeles caídos no existían, hubo una época donde el bien y el mal eran uno. Pero eso fue antes de que Satanás bajara al infierno, mucho antes de que su hijo engendrara a un monstruo, mucho antes de que naciera el linaje draco inferni mucho antes de que conseguir redimir el mal se convirtiera en una lucha constante. Pero eso es pasado, el presente es este hija miá, un día, cuando menos te lo esperes, llegara, llegara el día en que se decidirá tu futuro, porque tu hija miá, no eres como las otras y por supuesto no estarás sola, tendrás a alguien a tu lado, recuerda lo, en cuanto lo veas sabrás que es el. Te quiero mucho hija miá, pero por desgracia mi hora esta a punto de llegar, recuerda esto, no todos los ángeles caídos son malos...recuerdalo”
no se porque me vinieron esas palabras, supongo que fue a causa del alcohol. El chico cada vez estaba mas cerca, tan cerca que si alargaba el brazo lo podía tocar, dio un paso mas, podía oler su aroma, olía a cielo, si aunque parezca raro olía a lluvia y a hierva mojada, y por supuesto a sangre, ahora me doy cuenta de que el tatuaje si que era unas palabras en latín, por suerte el alcohol no me a reducido mi capacidad de traducir, me fijé bien: mare Angelus, angel del mar. Que podia significar eso? No lo se solo se que su cuerpo estaba pegado al mio, solo se que se acercó mas a mi y me dio un beso en la frente, solo sé que en ese momento solo ví oscuridad, una oscuridad con olor a lluvia. Otro angel caido.